Uno de cada cuatro españoles es pobre o está en riesgo de serlo
El 25,5% de la población, 11.666.827 personas, vivía en España en 2010 en situación de pobreza o en riesgo de pobreza, según los datos de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social (EAPN). Este colectivo excluido socialmente aumentó de forma absolutamente preocupante en un millón de personas entre 2009 y 2010.
Entre todos debemos afrontar esta situación con actuaciones a dos niveles:
En primer lugar un plan de choque que permita cubrir las necesidades básicas: comida, abrigo, vivienda, salud, etc. En esta línea se encuentra la respuesta ciudadana de multitud de personas y entidades de todo tipo que ayudan muy generosamente. Pensemos por ejemplo en el éxito de la campaña del Gran Recapte, o la recogida de comida para Navidad de muchas parroquias e instituciones, etc. Esto quiere decir que la gente se da cuenta que la situación es la que es, y colabora en la medida de sus posibilidades.
Pero al mismo tiempo hay que hacer acciones que permitan a cada persona desarrollar sus capacidades y recursos personales para salir de esta situación de exclusión. Es aquello de enseñar a pescar y no contentarse con darle un pescado para comer. Y eso pasa necesariamente por el éxito escolar y la inserción laboral.
Por ello es fundamental el trabajo de muchas entidades dedicadas al apoyo socioeducativo de los jóvenes y de las familias en su proceso de crecimiento en un contexto de exclusión social, de manera que se consiga la promoción de cada persona.
La solidaridad se construye con realidades.
Si faltan medios económicos, es necesaria la ayuda material, institucional y particular. Si falta cariño y amor, en el sufrimiento, la triste soledad o la fría indiferencia, es imprescindible una relación personal para poder ofrecer cariño, comprensión, disculpa, acogida, consuelo, ayuda ...
Estos dos aspectos no deberían separarse. Por eso es tan necesaria, eficaz, cercana y humana la implicación del voluntariado.
Todos tenemos que ayudar, en la medida de nuestras posibilidades. Todos podemos hacer algo por los demás. Porque si tú tienes una necesidad y yo te puedo ayudar y no lo hago, el problema no es que tú te quedas con esta necesidad, el problema es que yo me estoy volviendo un egoísta. Y con egoístas de ninguna manera podremos lograr una sociedad cohesionada.
03/02/2012
02/08/2011
Braval, uno de los secretos de la cohesión social en el barrio catalán más multicultural
Reportaje de Elisabet Borreda, publicado en social.cat el 9.06.11
1,1 kilómetros cuadrados, 49.000 habitantes, un 47% de inmigración y un 40% de paro. Estos cuatro datos retratan el barrio del Raval de Barcelona, la zona con una concentración de inmigrantes más alta de Cataluña, por encima de ciudades como Salt (con 32.000 habitantes y una densidad de 4.598 hab./km2 frente a la densidad del barrio barcelonés de 44.831 hab./km2) que en más de una ocasión ha sido portada de diarios por temas de inmigración. En pleno corazón del Raval y en medio de una gran variedad y cantidad de entidades que procuran por la integración de la inmigración y por la cohesión social encontramos Braval.
Según su presidente, Josep Masabeu, Braval es un centro de apoyo socioeducativo que, a través del deporte, hace un seguimiento académico de los chicos para evitar el absentismo escolar y guiarlos hacia la formación superior o hacia el mundo laboral. La entidad se creó el año 1998 y desde entonces más de 1.000 chicos han recibido su asistencia.
El funcionamiento es claro y eficaz: Braval tiene montados 11 equipos en competición -6 de básquet y 5 de fútbol sala- que juegan en la liga normalizada de Barcelona y que permite la interrelación con chicos de otros barrios. Cuando un chico quiere ingresar en el equipo se le deja entrenar y jugar un par de días y si le gusta se contacta con los padres o con los representantes legales y se les explica que para formar parte de estos equipos debe asumir un compromiso que pasa por ir a la escuela y una pequeña colaboración económica mensual. De esta manera, con un precio simbólico se consigue que los responsables del chico tengan más claro el valor de esta entidad que lucha contra el absentismo escolar y, además, desde Braval también se ofrecen horas para hacer los deberes que ayudan a ver los puntos fuertes del chico, comunicarlos al colegio y potenciar al máximo su motivación.
Los voluntarios, pieza indispensable de este engranaje
Braval no se entiende sin el trabajo de los voluntarios. Cada uno de los equipos deportivos cuenta con 7 u 8 personas que llevan los equipos deportivos y que acaban siendo un referente de los chicos, siempre en función de la sintonía que hay entre ellos. Un valor añadido de la entidad es que el éxito se plasma en el hecho que algunos chicos que han pasado como “alumnos” han acabado siendo voluntarios cuando se han hecho más mayores, que 200 de los más de 1000 chicos que han pasado por Braval ya están trabajando, que 13 están en la universidad y que uno ya es ingeniero informático. El contacto constante con los chicos también ayuda a los voluntarios a poder orientar nuevos programas como el de inmersión lingüística o el casal de verano en función de sus inquietudes y necesidades y a entrevistarse periódicamente con los padres para hablar de cada caso concreto.
'Si no te comportas, no juegas'
La entidad anualmente acoge unos 200 chicos de 30 países diferentes que se agrupan en equipos deportivos multiétnicos para evitar ghettos. 130 voluntarios gestionan estos grupos dedicando 14.000 horas anuales. Semanalmente hay tres días de actividad: uno para entrenar, uno para competir y otro para el estudio o las celebraciones; una planificación ideada para conseguir los tres objetivos de cohesión social, luchar contra la marginación y facilitar la incorporación de los inmigrantes a la sociedad. Pero siempre procurando el cumplimiento de su parte del trato por parte del chico: 'Si no te comportas, no juegas', asegura Masabeu.
Terral, el homólogo del Braval para chicas
Los fundadores de Braval, antes de crearlo, viajaron a Estados Unido e Inglaterra para aprender de otros organismos que ja hacían este trabajo. En ambos casos se encontraron con la misma recomendación: en el cas de los chicos, un chico trae a un amigo y, cuando éste ya está dentro de la asociación, se consigue el beneplácito de sus padres y, entonces, dejan inscribir a la chica, la hija. En el caso de las chicas la dinámica es distinta: si quieres atraer a una chica primero debes conseguir la confianza de las madres. Y esta filosofía se sigue en Terral, el centro con las mismas funciones que el Braval orientado sólo a chicas y que articula sus programas en proyectos colectivos como grupos de teatro o coral.
Aunque con técnicas diferentes, ambas entidades consiguen, ampliamente, sus principales objetivos: la cohesión social, la lucha contra la marginación y facilitar la incorporación de los inmigrantes a nuestra sociedad en el barrio más multicultural de la capital catalana.
1,1 kilómetros cuadrados, 49.000 habitantes, un 47% de inmigración y un 40% de paro. Estos cuatro datos retratan el barrio del Raval de Barcelona, la zona con una concentración de inmigrantes más alta de Cataluña, por encima de ciudades como Salt (con 32.000 habitantes y una densidad de 4.598 hab./km2 frente a la densidad del barrio barcelonés de 44.831 hab./km2) que en más de una ocasión ha sido portada de diarios por temas de inmigración. En pleno corazón del Raval y en medio de una gran variedad y cantidad de entidades que procuran por la integración de la inmigración y por la cohesión social encontramos Braval.
Según su presidente, Josep Masabeu, Braval es un centro de apoyo socioeducativo que, a través del deporte, hace un seguimiento académico de los chicos para evitar el absentismo escolar y guiarlos hacia la formación superior o hacia el mundo laboral. La entidad se creó el año 1998 y desde entonces más de 1.000 chicos han recibido su asistencia.
El funcionamiento es claro y eficaz: Braval tiene montados 11 equipos en competición -6 de básquet y 5 de fútbol sala- que juegan en la liga normalizada de Barcelona y que permite la interrelación con chicos de otros barrios. Cuando un chico quiere ingresar en el equipo se le deja entrenar y jugar un par de días y si le gusta se contacta con los padres o con los representantes legales y se les explica que para formar parte de estos equipos debe asumir un compromiso que pasa por ir a la escuela y una pequeña colaboración económica mensual. De esta manera, con un precio simbólico se consigue que los responsables del chico tengan más claro el valor de esta entidad que lucha contra el absentismo escolar y, además, desde Braval también se ofrecen horas para hacer los deberes que ayudan a ver los puntos fuertes del chico, comunicarlos al colegio y potenciar al máximo su motivación.
Los voluntarios, pieza indispensable de este engranaje
Braval no se entiende sin el trabajo de los voluntarios. Cada uno de los equipos deportivos cuenta con 7 u 8 personas que llevan los equipos deportivos y que acaban siendo un referente de los chicos, siempre en función de la sintonía que hay entre ellos. Un valor añadido de la entidad es que el éxito se plasma en el hecho que algunos chicos que han pasado como “alumnos” han acabado siendo voluntarios cuando se han hecho más mayores, que 200 de los más de 1000 chicos que han pasado por Braval ya están trabajando, que 13 están en la universidad y que uno ya es ingeniero informático. El contacto constante con los chicos también ayuda a los voluntarios a poder orientar nuevos programas como el de inmersión lingüística o el casal de verano en función de sus inquietudes y necesidades y a entrevistarse periódicamente con los padres para hablar de cada caso concreto.
'Si no te comportas, no juegas'
La entidad anualmente acoge unos 200 chicos de 30 países diferentes que se agrupan en equipos deportivos multiétnicos para evitar ghettos. 130 voluntarios gestionan estos grupos dedicando 14.000 horas anuales. Semanalmente hay tres días de actividad: uno para entrenar, uno para competir y otro para el estudio o las celebraciones; una planificación ideada para conseguir los tres objetivos de cohesión social, luchar contra la marginación y facilitar la incorporación de los inmigrantes a la sociedad. Pero siempre procurando el cumplimiento de su parte del trato por parte del chico: 'Si no te comportas, no juegas', asegura Masabeu.
Terral, el homólogo del Braval para chicas
Los fundadores de Braval, antes de crearlo, viajaron a Estados Unido e Inglaterra para aprender de otros organismos que ja hacían este trabajo. En ambos casos se encontraron con la misma recomendación: en el cas de los chicos, un chico trae a un amigo y, cuando éste ya está dentro de la asociación, se consigue el beneplácito de sus padres y, entonces, dejan inscribir a la chica, la hija. En el caso de las chicas la dinámica es distinta: si quieres atraer a una chica primero debes conseguir la confianza de las madres. Y esta filosofía se sigue en Terral, el centro con las mismas funciones que el Braval orientado sólo a chicas y que articula sus programas en proyectos colectivos como grupos de teatro o coral.
Aunque con técnicas diferentes, ambas entidades consiguen, ampliamente, sus principales objetivos: la cohesión social, la lucha contra la marginación y facilitar la incorporación de los inmigrantes a nuestra sociedad en el barrio más multicultural de la capital catalana.
18/06/2011
Concierto en "El Teatrillo" a beneficio de Braval
El Teatrillo es un pequeño local de Sarrià (Barcelona) sin ánimo de lucro en el que se juntan dos mundos: la música y la acción social. Los organizadores buscan músicos de todo tipo (pianistas, cantantes de ópera, grupos de jazz, guitarristas, castañuelas, etc.) para que deleiten al auditorio con sus dotes artísticas en unas veladas en las que se aprovecha para presentar la labor de muchas ONG, con el fin de conocer la gran labor que éstas realizan y colaborar en sus proyectos.
El Concierto CLIII, celebrado el 9 de junio 2011, fue a beneficio de Braval.
Los músicos
Núria Dardinyà SOPRANO
Marie Malechova PIANO
Raúl Poblet TENOR
Repertorio
Primera parte
E. Toldrà. Canticel. Cançó de grumet
I. Corderas. Ave María
F. Mompou. Pito, pito colorito
M. Falla. Paño moruno
X. Montsalvatge. Canción de cuna. Punto de habanera
Segunda parte
G. Rossini. Il Barbiere di Siviglia. Che vecchio sospettoso
W.A. Mozart. Don Giovanni. Ma qual mai soffre
G. Puccini. La Bohéme. Si mi chiamano Mimi
E. de Curtis. Tu ca nun chiagne!
F. M. Valls. Cançó d’amor i de guerra. En el Vallespir. Per tu Francina meva
Asistieron unas 80 personas, y se recogió un buen donativo para Braval
El Concierto CLIII, celebrado el 9 de junio 2011, fue a beneficio de Braval.
Los músicos
Núria Dardinyà SOPRANO
Marie Malechova PIANO
Raúl Poblet TENOR
Repertorio
Primera parte
E. Toldrà. Canticel. Cançó de grumet
I. Corderas. Ave María
F. Mompou. Pito, pito colorito
M. Falla. Paño moruno
X. Montsalvatge. Canción de cuna. Punto de habanera
Segunda parte
G. Rossini. Il Barbiere di Siviglia. Che vecchio sospettoso
W.A. Mozart. Don Giovanni. Ma qual mai soffre
G. Puccini. La Bohéme. Si mi chiamano Mimi
E. de Curtis. Tu ca nun chiagne!
F. M. Valls. Cançó d’amor i de guerra. En el Vallespir. Per tu Francina meva
13/06/2011
Mézclate conmigo
El Raval: convivencia multicultural para evitar el conflicto social
Reportaje de Sílvia Melero. Publicado en la revista 21RS. Junio 2011
Las calles de este barrio están dibujadas con pinceles de colores y trazos de diversidad. En poco más de un kilómetro cuadrado conviven personas de 30 países que hablan 10 lenguas y profesan 9 religiones. Es una de las zonas con mayor densidad demográfica de Cataluña. Casi la mitad de los vecinos son inmigrantes. Visitamos un experimento de mezcla multicultural entre chavales -balón en mano- para evitar el estallido social y le tomamos el pulso al barrio más mestizo de Barcelona.
“¿Tú sabes quién es Bin Laden?”. Hoy los chicos del barrio del Raval charlan animadamente sobre lo que han visto en la tele. La cosa no está muy clara. “No se sabe si le han matado o no”. También están contentos porque anoche el Barça ganó al Madrid. “Ponlo en el reportaje”. Tienen 10 años y van llegando poco a poco al centro de apoyo socioeducativo Braval, después del cole. Aquí pasan la tarde jugando, haciendo los deberes y, sobre todo, pensando en el próximo entrenamiento. Bryan, que es de Santo Domingo y llegó a España hace seis años, explica que es el portero del equipo. Andrei, filipino, vino hace tres años con su padre, su madre llegó primero. “Mi mejor amigo está aquí, en Braval”, dice. Está contento, sus compañeros bromean, parece que le va a pedir salir a una chica. También está Efrén, que es de Barcelona y juega en el equipo de baloncesto.
“Sean de donde sean, los chavales se relacionan por aficiones comunes, no por factores étnicos, así que el deporte es una buena herramienta para forzar la mezcla”. Pep Masabeu tiene claro que hay que crear espacios de convivencia entre autóctonos y foráneos para evitar los guetos. Preside la entidad Braval a pie de calle y es doctor en Pedagogía por la Universidad de Barcelona.
También es consciente de que sus declaraciones a veces pueden generar polémica, como cuando dice que “algunos políticos y gurús han visto pocos inmigrantes en persona y hablan de oídas sobre la inmigración” o que “hay que dejar de financiar asociaciones de inmigrantes porque separan y no mezclan”.
Por las laberínticas calles del barcelonés barrio del Raval se va encontrando con adolescentes que lo saludan animadamente. Van a entrenar al polideportivo. “Nuestro gancho es el deporte. La mayoría llegan porque se lo ha dicho un amigo. Se apuntan al equipo y luego viene todo lo demás”. Les piden autorización de los padres para que vengan en persona y sepan que hay unas normas: primero se estudia y se hacen los deberes. Si no, no se puede entrenar ni jugar.
“Son chavales con poca gratificación afectiva, hay que invertir en cariño, en atención personal. Muchos o no tienen a sus padres aquí o apenas los ven porque trabajan muchas horas y no pueden hacer un seguimiento cercano de los niños”, puntualiza Pep.
Algunos pasan demasiado tiempo en la calle, como explica Rubén Mestre, jefe de programas de Braval. “Un día me decía un chaval que en la calle te sientes importante, pasa todo lo que se ve en las películas (peleas, robos, policía…). Es cierto que si les tienes en una burbuja no se educa para estar en la calle, pero hay que darles pautas. Cuando hacemos excursiones, por ejemplo, vamos en transporte público porque forma parte del aprendizaje cederle el asiento a una anciana”. Organizados por edades en equipos de fútbol y baloncesto, los niños comparten con sus compañeros de partido las horas de estudio y eso une mucho.
Laboratorio de convivencia
Pep insiste en desmontar los estereotipos que tenemos sobre la inmigración. “Se difunde una visión sesgada y el ambiente se está enrareciendo. El problema no es la inmigración, es el paro. Se nota que los chavales están más nerviosos por las circunstancias económicas de sus familias”. Defiende que El Raval no es sólo prostitución, droga y delincuencia. También es un laboratorio de la convivencia posible en una Cataluña cada vez más mestiza.
En este barrio (y en poco más de un kilómetro cuadrado) viven 48.000 personas de 30 países, que hablan 10 lenguas y profesan 9 religiones. Es una de las zonas con mayor densidad demográfica. El 47% de los vecinos son inmigrantes (principalmente pakistaníes, seguidos de filipinos, bangladesíes, marroquíes e italianos). La tasa de paro ronda el 30%. Y siete de cada diez habitantes sólo tiene estudios de Primaria.
Por eso, que 200 chavales que han pasado por Braval estén trabajando “con contrato” y 13 hayan llegado a la universidad les llena de orgullo. “Braval no es un centro para inmigrantes sino para los habitantes del Raval. Como resulta que en el barrio hay muchos inmigrantes, pues lógicamente tenemos inmigrantes”, matiza su presidente.
Del Opus Dei a la mezquita
La iniciativa de Braval forma parte de las obras de promoción social del Opus Dei para promover la cohesión social y evitar la exclusión de los jóvenes. “No ocultamos nuestra identidad cristiana, pero aquí hay chavales y voluntarios de todo tipo (tenemos católicos, evangelistas, musulmanes, hindúes, budistas, ortodoxos, judíos, agnósticos…). A veces parece que hay que evitar el tema de la religión, como si todos tuviéramos que ser aconfesionales, y creemos que es un error. Para nosotros forma parte de la identidad de cada cual”. Rubén cuenta la anécdota de un niño que les han enviado desde un centro de menores. “Resulta que todos los viernes se escapaba del centro. Un día uno de los voluntarios que tenemos aquí habló con él y el pequeño le explicó que se escapaba para ir a la mezquita. Desde entonces, el voluntario lo acompaña y ha dejado de escaparse”.
Y es que los monitores son la pieza clave de este proyecto. Escuchan, motivan y son un referente. “El ejemplo del Barça nos ha servido para trasmitirles valores como el esfuerzo, la deportividad y el compañerismo, en un lenguaje cercano que es el que ellos manejan”, dice Pep.
Llama la atención que en Braval no hay niñas. “Es un centro para chicos, todo pivota en torno a los equipos de fútbol y básquet masculinos. Tenemos otro centro para niñas, pero el deporte no ha funcionado tan bien. Sólo hemos logrado un equipo de baloncesto femenino. Vamos probando cosas y adecuando el modelo a las necesidades que detectamos. A nosotros nos funciona esto, no digo que sea el mejor método ni que todas las organizaciones tengan que hacerlo así, pero es lo que nos ha funcionado”.
Ese otro centro es Terral. Aquí el método es a la inversa: primero atraen a las madres (con cursos sobre cocina, costura o alfabetización) y luego a las hijas. “Si no, las mujeres marroquíes no saldrían de casa. Lo importante es que vengan y que hablen con otras mujeres, que cuenten sus cosas. Hay mucho maltrato. Las niñas encuentran un espacio de paz donde poder estudiar”, cuenta Victoria Guindulain, directora del centro.
Seguimos avanzando por las calles del Raval y nos encontramos con Salvador Trojaola, comerciante catalán y presidente de la Asociación de comerciantes Nou de la Rambla. Su hijo de 14 años está en un equipo de fútbol de Braval. “Fue allí y se apuntó. Le gusta el ambiente, se lo pasa bien. Sólo habla de su amigo chino, que es el portero. Este barrio es rico en diversidad, ningún problema, está normalizado”.
Pep aclara que eso se ha logrado por la labor que están haciendo muchas organizaciones y entidades. “El ayuntamiento de Barcelona está haciendo un esfuerzo importante en infraestructuras y rehabilitación de edificios (junto al Museo Macba hay casas sin agua corriente), pero eso no es suficiente, hay que apoyar la cohesión social y humana”. Para que no ocurran altercados como en Salt y Vic. “Hay que acabar con la zonificación de las escuelas. Si en un colegio el 92% de los alumnos son de fuera, ¿quién se integra? Prefiero hablar de acomodación, encaje. Las personas que llegan a un país deben aprender las normas sociales y culturales para convivir. Tienen derechos y deberes y deben cumplirlos, no porque sean inmigrantes sino porque son ciudadanos. Primero esto, y luego ya te enseñaré a hacer paella y ya me enseñarás a hacer cuscús”.
En esa realidad poliédrica que es la inmigración, conviene evitar los estereotipos y los prejuicios que sólo confunden y no permiten abordar uno de los retos más importantes a los que se enfrenta el país, según Pep.
Para Teresa Llorens, responsable del Área de Igualdad y Ciudadanía de la Diputación de Barcelona, la inmigración suma y no resta. “Un desafío es la participación de la población inmigrante en el desarrollo de su pueblo o ciudad en entidades y en la política. Es fundamental para garantizar una buena convivencia. Así fomentamos el diálogo y el necesario entendimiento mutuo. Tenemos que seguir construyendo puentes de conocimiento porque muchas veces los roces se producen por el desconocimiento y por no entender al vecino”.
Voluntarios, un referente para los chavales
Son tutores de estudios, entrenadores del equipo o monitores de ocio. Pero, sobre todo, son las personas más cercanas a los chicos de Braval.
Glen (23 años). Nacido en Cataluña, es hijo de padres filipinos. Su historia es un buen ejemplo de la cadena que genera Braval. De pequeño conoció el centro a través de un amigo porque tenía problemas de estudios. Hoy es el primer joven de Braval que está a punto de terminar una carrera (ingeniería informática). Ahora es uno de los voluntarios. “De alguna manera quería agradecer la ayuda que recibí y devolverla ayudando a otros”.
Pablo, mexicano. Comenzó a ser voluntario como entrenador de baloncesto y ahora les orienta en los estudios. “Como inmigrante, aprendo mucho de las familias que abandonan todo por un sueño. Los chicos ven que sus padres trabajan mucho, incluso los domingos, se matan trabajando. De forma natural quieren trabajar, son muy extrovertidos. Aprendes mucho de ellos, de las diferentes formas de vivir la felicidad”.
Jorge (71 años). Español, ingeniero industrial jubilado. Desde hace dos meses es voluntario ayudando en problemas de estudios. “Una de las cosas más bonitas que he descubierto es que todos los chavales son iguales, no hay clases sociales. Hay que dar amor, quererlos, darles todo lo que puedas”.
Javier (28 años). Argentino. Dice que Braval es parte de su familia. Comenzó enseñando castellano a un niño filipino. “Se estaba incorporando a la escuela y lo más urgente era aprender la lengua”. Después dio clases de teatro y ahora un curso de orientación laboral. “Aquí se inculca mucho respeto. Yo no practico ninguna religión. Me he encontrado con gente estupenda, aferrada a los sentimientos, no a las desigualdades. La fortaleza del proyecto es creer en las personas, la armonía entre culturas. Esos niños seguramente no van a tener problemas de racismo de mayores”.
Guillermo (24 años). Español, acaba de terminar su carrera. “En el campo el grupo se lleva muy bien, se evaden, conocen la cultura de los demás. Me encanta entrenarlos y ayudar en los estudios, hacer algo que no suponga pensar en ti”.
Reportaje de Sílvia Melero. Publicado en la revista 21RS. Junio 2011
Las calles de este barrio están dibujadas con pinceles de colores y trazos de diversidad. En poco más de un kilómetro cuadrado conviven personas de 30 países que hablan 10 lenguas y profesan 9 religiones. Es una de las zonas con mayor densidad demográfica de Cataluña. Casi la mitad de los vecinos son inmigrantes. Visitamos un experimento de mezcla multicultural entre chavales -balón en mano- para evitar el estallido social y le tomamos el pulso al barrio más mestizo de Barcelona.
“¿Tú sabes quién es Bin Laden?”. Hoy los chicos del barrio del Raval charlan animadamente sobre lo que han visto en la tele. La cosa no está muy clara. “No se sabe si le han matado o no”. También están contentos porque anoche el Barça ganó al Madrid. “Ponlo en el reportaje”. Tienen 10 años y van llegando poco a poco al centro de apoyo socioeducativo Braval, después del cole. Aquí pasan la tarde jugando, haciendo los deberes y, sobre todo, pensando en el próximo entrenamiento. Bryan, que es de Santo Domingo y llegó a España hace seis años, explica que es el portero del equipo. Andrei, filipino, vino hace tres años con su padre, su madre llegó primero. “Mi mejor amigo está aquí, en Braval”, dice. Está contento, sus compañeros bromean, parece que le va a pedir salir a una chica. También está Efrén, que es de Barcelona y juega en el equipo de baloncesto.
“Sean de donde sean, los chavales se relacionan por aficiones comunes, no por factores étnicos, así que el deporte es una buena herramienta para forzar la mezcla”. Pep Masabeu tiene claro que hay que crear espacios de convivencia entre autóctonos y foráneos para evitar los guetos. Preside la entidad Braval a pie de calle y es doctor en Pedagogía por la Universidad de Barcelona.
También es consciente de que sus declaraciones a veces pueden generar polémica, como cuando dice que “algunos políticos y gurús han visto pocos inmigrantes en persona y hablan de oídas sobre la inmigración” o que “hay que dejar de financiar asociaciones de inmigrantes porque separan y no mezclan”.
Por las laberínticas calles del barcelonés barrio del Raval se va encontrando con adolescentes que lo saludan animadamente. Van a entrenar al polideportivo. “Nuestro gancho es el deporte. La mayoría llegan porque se lo ha dicho un amigo. Se apuntan al equipo y luego viene todo lo demás”. Les piden autorización de los padres para que vengan en persona y sepan que hay unas normas: primero se estudia y se hacen los deberes. Si no, no se puede entrenar ni jugar.
“Son chavales con poca gratificación afectiva, hay que invertir en cariño, en atención personal. Muchos o no tienen a sus padres aquí o apenas los ven porque trabajan muchas horas y no pueden hacer un seguimiento cercano de los niños”, puntualiza Pep.
Algunos pasan demasiado tiempo en la calle, como explica Rubén Mestre, jefe de programas de Braval. “Un día me decía un chaval que en la calle te sientes importante, pasa todo lo que se ve en las películas (peleas, robos, policía…). Es cierto que si les tienes en una burbuja no se educa para estar en la calle, pero hay que darles pautas. Cuando hacemos excursiones, por ejemplo, vamos en transporte público porque forma parte del aprendizaje cederle el asiento a una anciana”. Organizados por edades en equipos de fútbol y baloncesto, los niños comparten con sus compañeros de partido las horas de estudio y eso une mucho.
Laboratorio de convivencia
Pep insiste en desmontar los estereotipos que tenemos sobre la inmigración. “Se difunde una visión sesgada y el ambiente se está enrareciendo. El problema no es la inmigración, es el paro. Se nota que los chavales están más nerviosos por las circunstancias económicas de sus familias”. Defiende que El Raval no es sólo prostitución, droga y delincuencia. También es un laboratorio de la convivencia posible en una Cataluña cada vez más mestiza.
En este barrio (y en poco más de un kilómetro cuadrado) viven 48.000 personas de 30 países, que hablan 10 lenguas y profesan 9 religiones. Es una de las zonas con mayor densidad demográfica. El 47% de los vecinos son inmigrantes (principalmente pakistaníes, seguidos de filipinos, bangladesíes, marroquíes e italianos). La tasa de paro ronda el 30%. Y siete de cada diez habitantes sólo tiene estudios de Primaria.
Por eso, que 200 chavales que han pasado por Braval estén trabajando “con contrato” y 13 hayan llegado a la universidad les llena de orgullo. “Braval no es un centro para inmigrantes sino para los habitantes del Raval. Como resulta que en el barrio hay muchos inmigrantes, pues lógicamente tenemos inmigrantes”, matiza su presidente.
Del Opus Dei a la mezquita
La iniciativa de Braval forma parte de las obras de promoción social del Opus Dei para promover la cohesión social y evitar la exclusión de los jóvenes. “No ocultamos nuestra identidad cristiana, pero aquí hay chavales y voluntarios de todo tipo (tenemos católicos, evangelistas, musulmanes, hindúes, budistas, ortodoxos, judíos, agnósticos…). A veces parece que hay que evitar el tema de la religión, como si todos tuviéramos que ser aconfesionales, y creemos que es un error. Para nosotros forma parte de la identidad de cada cual”. Rubén cuenta la anécdota de un niño que les han enviado desde un centro de menores. “Resulta que todos los viernes se escapaba del centro. Un día uno de los voluntarios que tenemos aquí habló con él y el pequeño le explicó que se escapaba para ir a la mezquita. Desde entonces, el voluntario lo acompaña y ha dejado de escaparse”.
Y es que los monitores son la pieza clave de este proyecto. Escuchan, motivan y son un referente. “El ejemplo del Barça nos ha servido para trasmitirles valores como el esfuerzo, la deportividad y el compañerismo, en un lenguaje cercano que es el que ellos manejan”, dice Pep.
Llama la atención que en Braval no hay niñas. “Es un centro para chicos, todo pivota en torno a los equipos de fútbol y básquet masculinos. Tenemos otro centro para niñas, pero el deporte no ha funcionado tan bien. Sólo hemos logrado un equipo de baloncesto femenino. Vamos probando cosas y adecuando el modelo a las necesidades que detectamos. A nosotros nos funciona esto, no digo que sea el mejor método ni que todas las organizaciones tengan que hacerlo así, pero es lo que nos ha funcionado”.
Ese otro centro es Terral. Aquí el método es a la inversa: primero atraen a las madres (con cursos sobre cocina, costura o alfabetización) y luego a las hijas. “Si no, las mujeres marroquíes no saldrían de casa. Lo importante es que vengan y que hablen con otras mujeres, que cuenten sus cosas. Hay mucho maltrato. Las niñas encuentran un espacio de paz donde poder estudiar”, cuenta Victoria Guindulain, directora del centro.
Seguimos avanzando por las calles del Raval y nos encontramos con Salvador Trojaola, comerciante catalán y presidente de la Asociación de comerciantes Nou de la Rambla. Su hijo de 14 años está en un equipo de fútbol de Braval. “Fue allí y se apuntó. Le gusta el ambiente, se lo pasa bien. Sólo habla de su amigo chino, que es el portero. Este barrio es rico en diversidad, ningún problema, está normalizado”.
Pep aclara que eso se ha logrado por la labor que están haciendo muchas organizaciones y entidades. “El ayuntamiento de Barcelona está haciendo un esfuerzo importante en infraestructuras y rehabilitación de edificios (junto al Museo Macba hay casas sin agua corriente), pero eso no es suficiente, hay que apoyar la cohesión social y humana”. Para que no ocurran altercados como en Salt y Vic. “Hay que acabar con la zonificación de las escuelas. Si en un colegio el 92% de los alumnos son de fuera, ¿quién se integra? Prefiero hablar de acomodación, encaje. Las personas que llegan a un país deben aprender las normas sociales y culturales para convivir. Tienen derechos y deberes y deben cumplirlos, no porque sean inmigrantes sino porque son ciudadanos. Primero esto, y luego ya te enseñaré a hacer paella y ya me enseñarás a hacer cuscús”.
En esa realidad poliédrica que es la inmigración, conviene evitar los estereotipos y los prejuicios que sólo confunden y no permiten abordar uno de los retos más importantes a los que se enfrenta el país, según Pep.
Para Teresa Llorens, responsable del Área de Igualdad y Ciudadanía de la Diputación de Barcelona, la inmigración suma y no resta. “Un desafío es la participación de la población inmigrante en el desarrollo de su pueblo o ciudad en entidades y en la política. Es fundamental para garantizar una buena convivencia. Así fomentamos el diálogo y el necesario entendimiento mutuo. Tenemos que seguir construyendo puentes de conocimiento porque muchas veces los roces se producen por el desconocimiento y por no entender al vecino”.
Voluntarios, un referente para los chavales
Son tutores de estudios, entrenadores del equipo o monitores de ocio. Pero, sobre todo, son las personas más cercanas a los chicos de Braval.
Glen (23 años). Nacido en Cataluña, es hijo de padres filipinos. Su historia es un buen ejemplo de la cadena que genera Braval. De pequeño conoció el centro a través de un amigo porque tenía problemas de estudios. Hoy es el primer joven de Braval que está a punto de terminar una carrera (ingeniería informática). Ahora es uno de los voluntarios. “De alguna manera quería agradecer la ayuda que recibí y devolverla ayudando a otros”.
Pablo, mexicano. Comenzó a ser voluntario como entrenador de baloncesto y ahora les orienta en los estudios. “Como inmigrante, aprendo mucho de las familias que abandonan todo por un sueño. Los chicos ven que sus padres trabajan mucho, incluso los domingos, se matan trabajando. De forma natural quieren trabajar, son muy extrovertidos. Aprendes mucho de ellos, de las diferentes formas de vivir la felicidad”.
Jorge (71 años). Español, ingeniero industrial jubilado. Desde hace dos meses es voluntario ayudando en problemas de estudios. “Una de las cosas más bonitas que he descubierto es que todos los chavales son iguales, no hay clases sociales. Hay que dar amor, quererlos, darles todo lo que puedas”.
Javier (28 años). Argentino. Dice que Braval es parte de su familia. Comenzó enseñando castellano a un niño filipino. “Se estaba incorporando a la escuela y lo más urgente era aprender la lengua”. Después dio clases de teatro y ahora un curso de orientación laboral. “Aquí se inculca mucho respeto. Yo no practico ninguna religión. Me he encontrado con gente estupenda, aferrada a los sentimientos, no a las desigualdades. La fortaleza del proyecto es creer en las personas, la armonía entre culturas. Esos niños seguramente no van a tener problemas de racismo de mayores”.
Guillermo (24 años). Español, acaba de terminar su carrera. “En el campo el grupo se lleva muy bien, se evaden, conocen la cultura de los demás. Me encanta entrenarlos y ayudar en los estudios, hacer algo que no suponga pensar en ti”.
07/06/2011
Pa i Tomàquet amb Tertúlia
El Pa i Tomàquet amb Tertúlia es una tertulia-cena alrededor de una mesa, degustando pan con tomate bien acompañado y excelentemente regado, en la cual se tratan temas de interés con un Invitado de Honor y una docena de personas más.
El objetivo es debatir sobre temas de interés y de actualidad. Se celebra en Barcelona, en un piso particular del Paseo de Gracia. Generalmente un lunes desde las 20:00h. hasta las 22:30h. La primera sesión se realizó el 19 de Junio del 2000, y hasta el 30-05-2011 se han celebrado 194 "Pa i Tomàquet amb Tertúlia", con la participación de 1.380 asistentes diferentes.
Los Invitados de Honor son cualquier persona con la que sea interesante mantener un intercambio de opiniones.
Fui el Invitado de Honor el 30-05-2011. Hablamos sobre diversos aspectos de la inmigración, con las siguientes personas:
Anna Armengou Iglesias .- Licenciada en Psicología. Gerente de Tribuna Barcelona
Jaume V. Aroca .- Periodista. Redactor de política de La Vanguardia
Gemma Calvet .- Abogada y Consultora. Experta en Políticas sociales y penitenciarias
Ignasi Camps .- Cocinero. Propietario Restaurante Ca l'Ignasi de Cantonigròs
Maria Casanovas .- Abogada
Ferràn Espada .- Periodista. Director de El Punt Barcelona
Ernest Flaqué .- Empresario. Presidente de Inmogrup y de Raval Solidari
Ismael Palacín .- Director Fundación Jaume Bofill
Julieta Regás .- Empresaria
Carla Sanclimens Armengou .- Economista. Dep Marketing de Panrico
Josep Mª Sanclimens i Genescà .- Abogado, Consejero Delegado del Grupo BGI. Secretario General de Tribuna Barcelona
Josep Mª. Sust Alemany .- Empresario. Presidente de Cubil
Virginia Tarragona .- Empresaria. Cincventaycinco
Francesc Vilà .- Psicólogo. Cuina Justa
Josep Vilallonga Shelly .- Empresario, Presidente del Grupo Vilallonga
El objetivo es debatir sobre temas de interés y de actualidad. Se celebra en Barcelona, en un piso particular del Paseo de Gracia. Generalmente un lunes desde las 20:00h. hasta las 22:30h. La primera sesión se realizó el 19 de Junio del 2000, y hasta el 30-05-2011 se han celebrado 194 "Pa i Tomàquet amb Tertúlia", con la participación de 1.380 asistentes diferentes.
Los Invitados de Honor son cualquier persona con la que sea interesante mantener un intercambio de opiniones.
Fui el Invitado de Honor el 30-05-2011. Hablamos sobre diversos aspectos de la inmigración, con las siguientes personas:
Anna Armengou Iglesias .- Licenciada en Psicología. Gerente de Tribuna Barcelona
Jaume V. Aroca .- Periodista. Redactor de política de La Vanguardia
Gemma Calvet .- Abogada y Consultora. Experta en Políticas sociales y penitenciarias
Ignasi Camps .- Cocinero. Propietario Restaurante Ca l'Ignasi de Cantonigròs
Maria Casanovas .- Abogada
Ferràn Espada .- Periodista. Director de El Punt Barcelona
Ernest Flaqué .- Empresario. Presidente de Inmogrup y de Raval Solidari
Ismael Palacín .- Director Fundación Jaume Bofill
Julieta Regás .- Empresaria
Carla Sanclimens Armengou .- Economista. Dep Marketing de Panrico
Josep Mª Sanclimens i Genescà .- Abogado, Consejero Delegado del Grupo BGI. Secretario General de Tribuna Barcelona
Josep Mª. Sust Alemany .- Empresario. Presidente de Cubil
Virginia Tarragona .- Empresaria. Cincventaycinco
Francesc Vilà .- Psicólogo. Cuina Justa
Josep Vilallonga Shelly .- Empresario, Presidente del Grupo Vilallonga
30/05/2011
Preservar la convivencia
Artículo de Lluís Foix
Publicado en La Vanguardia el 26 mayo 2011
Lo más inteligente sería considerar el fenómeno como una oportunidad y no como un problema
El mapa social de Catalunya ha cambiado notablemente en los últimos diez años. Somos más de un millón más de catalanes que han venido de otros países, con otras culturas y costumbres a cuestas, con creencias y convicciones distintas. Cuando esas personas eran bien acogidas para desempeñar trabajos que contribuían al crecimiento económico general los problemas eran menores.
Pero con la llegada de la crisis, que nos afecta a todos, también les ha tocado a ellos que la sufren doblemente, por su calidad de inmigrantes y por su precariedad de condiciones de vida en estos tiempos dominados por un cierto miedo colectivo. Miedo a no perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo al futuro que se percibe incierto y miedo también al otro que puede ser considerado como un intruso indeseable.
La sociedad catalana tiene una porosidad demostrada en los últimos cien años. La integración de los inmigrantes peninsulares a lo largo del siglo XX ha sido positiva sin romper la convivencia entre personas que llegaban para quedarse afrontando las dificultades vitales de quien aterriza en un nuevo entorno social y cultural.
La integración de los que llegaron dice mucho a favor de los sobrevenidos pero también habla muy positivamente de la sociedad de acogida que muy pronto, especialmente a partir de la recuperación de las libertades democráticas, los consideró catalanes a todos los efectos.
Es cierto que la ola de inmigrantes peninsulares era una cierto trasplante con muchos rasgos en común con la sociedad catalana. La inmigración reciente ha venido de América Latina, Pakistán, Marruecos, África subsahariana y otros países con rasgos culturales, costumbres y convicciones propias. Si han tenido ocasión de trabajar se han integrado gradualmente. Es interesante señalar la paz social en el municipio leridano de Guissona donde los inmigrantes igualan o superan a los autóctonos.
¿Por qué la inmigración ha alimentado el miedo en muchos municipios catalanes que en las últimas elecciones han dado el voto a la xenófoba Plataforma per Catalunya o han premiado a García Albiol en Badalona que ha hecho un discurso dramático sobre los inmigrantes? Pienso que una de las causas es el miedo al inmigrante en general culpándole de abusar de los servicios sociales, a pesar de que en un informe reciente se da cuenta de que no es así. Lo prioritario es preservar la convivencia al margen de los pasteleos políticos para presidir este o aquel ayuntamiento.
El objetivo común debería construirse sobre el respeto a la persona y no en planteamientos ideológicos que ponen en grave riesgo la convivencia. Están aquí para quedarse y no se irán. Lo más inteligente sería considerar el fenómeno como una oportunidad y no como un problema.
Publicado en La Vanguardia el 26 mayo 2011
Lo más inteligente sería considerar el fenómeno como una oportunidad y no como un problema
El mapa social de Catalunya ha cambiado notablemente en los últimos diez años. Somos más de un millón más de catalanes que han venido de otros países, con otras culturas y costumbres a cuestas, con creencias y convicciones distintas. Cuando esas personas eran bien acogidas para desempeñar trabajos que contribuían al crecimiento económico general los problemas eran menores.
Pero con la llegada de la crisis, que nos afecta a todos, también les ha tocado a ellos que la sufren doblemente, por su calidad de inmigrantes y por su precariedad de condiciones de vida en estos tiempos dominados por un cierto miedo colectivo. Miedo a no perder el trabajo, miedo a no encontrarlo, miedo al futuro que se percibe incierto y miedo también al otro que puede ser considerado como un intruso indeseable.
La sociedad catalana tiene una porosidad demostrada en los últimos cien años. La integración de los inmigrantes peninsulares a lo largo del siglo XX ha sido positiva sin romper la convivencia entre personas que llegaban para quedarse afrontando las dificultades vitales de quien aterriza en un nuevo entorno social y cultural.
La integración de los que llegaron dice mucho a favor de los sobrevenidos pero también habla muy positivamente de la sociedad de acogida que muy pronto, especialmente a partir de la recuperación de las libertades democráticas, los consideró catalanes a todos los efectos.
Es cierto que la ola de inmigrantes peninsulares era una cierto trasplante con muchos rasgos en común con la sociedad catalana. La inmigración reciente ha venido de América Latina, Pakistán, Marruecos, África subsahariana y otros países con rasgos culturales, costumbres y convicciones propias. Si han tenido ocasión de trabajar se han integrado gradualmente. Es interesante señalar la paz social en el municipio leridano de Guissona donde los inmigrantes igualan o superan a los autóctonos.
¿Por qué la inmigración ha alimentado el miedo en muchos municipios catalanes que en las últimas elecciones han dado el voto a la xenófoba Plataforma per Catalunya o han premiado a García Albiol en Badalona que ha hecho un discurso dramático sobre los inmigrantes? Pienso que una de las causas es el miedo al inmigrante en general culpándole de abusar de los servicios sociales, a pesar de que en un informe reciente se da cuenta de que no es así. Lo prioritario es preservar la convivencia al margen de los pasteleos políticos para presidir este o aquel ayuntamiento.
El objetivo común debería construirse sobre el respeto a la persona y no en planteamientos ideológicos que ponen en grave riesgo la convivencia. Están aquí para quedarse y no se irán. Lo más inteligente sería considerar el fenómeno como una oportunidad y no como un problema.
14/05/2011
JOSEP MASABEU, BRAVAL DEL RAVAL : «Que uno de nuestros chicos sea universitario es un sueño hecho realidad»
Entrevista de Víctor Colomer
Publicado en el Cara a Cara del Diari de Sabadell el 12 mayo 2011
El pedagogo sabadellense Josep Masabeu Tierno, 58, dirige desde hace doce años el proyecto del Raval Braval (con B de Barcelona), que facilita el éxito escolar y la inserción laboral a 200 jóvenes y adolescentes de 30 nacionalidades distintas.
Nació en la calle Tres Creus, 63, («yo he visto construir La Farándula») y estudió en los Escolapios. A los 8 años se trasladaba a Barcelona por motivos laborales de su padre, economista y profesor de la Escuela de Comercio. Gracias a la familia conserva todavía fuertes vínculos en nuestra ciudad.
¿Cómo se trabaja la cohesión social en un barrio donde vive gente de 30 países distintos?
A través del deporte. Tenemos 6 equipos de básquet y 5 de fútbol sala, forzadamente multiétnicos.
¿Qué quiere decir «forzadamente multiétnicos»?
Que en cada equipo mezclamos pakistaníes con filipinos, colombianos, brasileños o marroquíes, para no crear guetos.
¿Partidos amistosos?
No, no. Jugamos la liga de Barcelona y esto es importante porque así nuestros jóvenes salen del Raval y, a la vez, los otros equipos vienen aquí a jugar.
Si un emigrante juega a básquet ¿no delinque?
Y un español tampoco y a los españoles también los atendemos. Nosotros hacemos cosas para todo el mundo, no sólo para los inmigrantes.
Si juegas a básquet ¿te integras?
Aquí sí porque en cada equipo tenemos cinco o seis voluntarios que apoyan a los chicos en el programa 1@1 y con el tiempo se van convirtiendo en un amigo.
¿Cómo apoya exactamente este voluntario?
Hace el seguimiento a cada participante y le inculca valores como el de la puntualidad, ducharse después de jugar, no hacer campana en la escuela, hacer los deberes cada día… y, si no, el sábado no juega.
¿Funciona el sistema?
Sí, estos días tenemos la gran satisfacción de que uno de nuestros chicos, hijo de filipinos, ha terminado la carrera, concretamente la de ingeniero informático. Esto para nosotros es un sueño hecho realidad.
Una flor no hace primavera
Pero tenemos trece más en la universidad. Y más de 200 trabajan con contrato. No es fácil.
¿Por qué?
Porque a veces les llevas a un curso ocupacional y en la primera semana de prácticas que ganan 50 euros están tan contentos que se los gastan y ya no vuelven mas.
O sea que tienen razón los racistas: los inmigrantes tienen privilegios y encuentran trabajo antes
En absoluto. Yo busco trabajo a todos, español o extranjero. Muchos chicos catalanes del barrio de tota la vida también se benefician.
¿Es cierto o no que los inmigrantes tienen ayudas especiales?
No. Simplemente las ayudas sociales son para los más pobres y algunos inmigrantes son muy pobres.
¿Es cierto o no que todos los males de la sanidad pública son culpa suya?
El colapso sanitario no tiene nada que ver con los inmigrantes. Ninguno de estos tópicos es cierto. «La Caixa» acaba de demostrar con un estudio que los inmigrantes aportan más de lo que reciben.
Así pues, ¿ninguna diferencia?
La gran diferencia es que los jóvenes españoles del barrio son depresivos porque en su familia han mamado fracaso, mientras que los inmigrantes han mamado espíritu de lucha y saben que saldrán adelante como sus padres.
¿Cómo empezó en Braval?
Hasta el 2000 estuve trabajando en la escuela Bell-lloc de Girona y aquel año el Opus Dei, al que pertenezco, me pidió que me ocupara del Raval barcelonés.
¿Por qué usted?
Porque tenía experiencia en campos de trabajo de ayuda humanitaria en Lituania y Polonia. Jóvenes de aquí colaboraban, por ejemplo, con el hospital oncológico de Vilnius.
¿Por qué en el Raval?
Porque es una realidad que mis compañeros de la iglesia de Montalegre, que estaban allí, veían cada día.
¿El Opus Dei no se ocupaba sólo de los ricos?
Ha-ha-ha! No, no, de ninguna manera. La Obra hace lo que puede en todas partes. Lo que pasa es que los medios sólo sacáis lo que queréis.
¿Qué más hacéis?
La iglesia de Montalegre atiende más de 600 familias del Raval.
¿Todos los voluntarios son también del Opus Dei?
No, son de nueve religiones distintas.
REPÚBLICA DEL RAVAL
En su libro La República del Raval. Eines de cohesió social, explica su día a día en este barrio barcelonés.
Informa también sobre una de las iniciativas que mejor resultado ha dado, las «Conversaciones sobre Inmigración en Braval». Son comidas íntimas para ocho o nueve personas, sin luz ni taquígrafos, en el mismo local de Braval. En seis cursos se han mantenido 49 Conversaciones con 226 persones distintas, procedentes de diversos ámbitos culturales, profesionales e ideológicos.
Publicado en el Cara a Cara del Diari de Sabadell el 12 mayo 2011
El pedagogo sabadellense Josep Masabeu Tierno, 58, dirige desde hace doce años el proyecto del Raval Braval (con B de Barcelona), que facilita el éxito escolar y la inserción laboral a 200 jóvenes y adolescentes de 30 nacionalidades distintas.
Nació en la calle Tres Creus, 63, («yo he visto construir La Farándula») y estudió en los Escolapios. A los 8 años se trasladaba a Barcelona por motivos laborales de su padre, economista y profesor de la Escuela de Comercio. Gracias a la familia conserva todavía fuertes vínculos en nuestra ciudad.
¿Cómo se trabaja la cohesión social en un barrio donde vive gente de 30 países distintos?
A través del deporte. Tenemos 6 equipos de básquet y 5 de fútbol sala, forzadamente multiétnicos.
¿Qué quiere decir «forzadamente multiétnicos»?
Que en cada equipo mezclamos pakistaníes con filipinos, colombianos, brasileños o marroquíes, para no crear guetos.
¿Partidos amistosos?
No, no. Jugamos la liga de Barcelona y esto es importante porque así nuestros jóvenes salen del Raval y, a la vez, los otros equipos vienen aquí a jugar.
Si un emigrante juega a básquet ¿no delinque?
Y un español tampoco y a los españoles también los atendemos. Nosotros hacemos cosas para todo el mundo, no sólo para los inmigrantes.
Si juegas a básquet ¿te integras?
Aquí sí porque en cada equipo tenemos cinco o seis voluntarios que apoyan a los chicos en el programa 1@1 y con el tiempo se van convirtiendo en un amigo.
¿Cómo apoya exactamente este voluntario?
Hace el seguimiento a cada participante y le inculca valores como el de la puntualidad, ducharse después de jugar, no hacer campana en la escuela, hacer los deberes cada día… y, si no, el sábado no juega.
¿Funciona el sistema?
Sí, estos días tenemos la gran satisfacción de que uno de nuestros chicos, hijo de filipinos, ha terminado la carrera, concretamente la de ingeniero informático. Esto para nosotros es un sueño hecho realidad.
Una flor no hace primavera
Pero tenemos trece más en la universidad. Y más de 200 trabajan con contrato. No es fácil.
¿Por qué?
Porque a veces les llevas a un curso ocupacional y en la primera semana de prácticas que ganan 50 euros están tan contentos que se los gastan y ya no vuelven mas.
O sea que tienen razón los racistas: los inmigrantes tienen privilegios y encuentran trabajo antes
En absoluto. Yo busco trabajo a todos, español o extranjero. Muchos chicos catalanes del barrio de tota la vida también se benefician.
¿Es cierto o no que los inmigrantes tienen ayudas especiales?
No. Simplemente las ayudas sociales son para los más pobres y algunos inmigrantes son muy pobres.
¿Es cierto o no que todos los males de la sanidad pública son culpa suya?
El colapso sanitario no tiene nada que ver con los inmigrantes. Ninguno de estos tópicos es cierto. «La Caixa» acaba de demostrar con un estudio que los inmigrantes aportan más de lo que reciben.
Así pues, ¿ninguna diferencia?
La gran diferencia es que los jóvenes españoles del barrio son depresivos porque en su familia han mamado fracaso, mientras que los inmigrantes han mamado espíritu de lucha y saben que saldrán adelante como sus padres.
¿Cómo empezó en Braval?
Hasta el 2000 estuve trabajando en la escuela Bell-lloc de Girona y aquel año el Opus Dei, al que pertenezco, me pidió que me ocupara del Raval barcelonés.
¿Por qué usted?
Porque tenía experiencia en campos de trabajo de ayuda humanitaria en Lituania y Polonia. Jóvenes de aquí colaboraban, por ejemplo, con el hospital oncológico de Vilnius.
¿Por qué en el Raval?
Porque es una realidad que mis compañeros de la iglesia de Montalegre, que estaban allí, veían cada día.
¿El Opus Dei no se ocupaba sólo de los ricos?
Ha-ha-ha! No, no, de ninguna manera. La Obra hace lo que puede en todas partes. Lo que pasa es que los medios sólo sacáis lo que queréis.
¿Qué más hacéis?
La iglesia de Montalegre atiende más de 600 familias del Raval.
¿Todos los voluntarios son también del Opus Dei?
No, son de nueve religiones distintas.
REPÚBLICA DEL RAVAL
En su libro La República del Raval. Eines de cohesió social, explica su día a día en este barrio barcelonés.
Informa también sobre una de las iniciativas que mejor resultado ha dado, las «Conversaciones sobre Inmigración en Braval». Son comidas íntimas para ocho o nueve personas, sin luz ni taquígrafos, en el mismo local de Braval. En seis cursos se han mantenido 49 Conversaciones con 226 persones distintas, procedentes de diversos ámbitos culturales, profesionales e ideológicos.
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