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5 abr 2011

Sobre la inmigración

Artículo de Federico Gómez Pardo en La Firma de Forum libertas

España que tanto se beneficia de una inmigración rica y temporal como es el turismo, tiene el deber de acoger a la otra inmigración que desesperadamente acude a nuestro país

Acabo de leer un libro interesante recién publicado: La república del Raval de Josep Masabeu. Trata sobre la inmigración. Me ha hecho reflexionar. Lo que sigue a continuación son opiniones mías, no del libro, aunque lo cite algunas veces.

Según reflejan las encuestas, la inmigración continúa siendo una de las principales preocupaciones de los españoles. Parece evidente que a ello contribuye el que la inmigración descontrolada, que llega sin papeles, hasta que los consigue y legaliza su situación, con frecuencia ha de vivir en la marginalidad dedicada a la prostitución y a la delincuencia. Y se acentúa este problema en una situación de crisis y altos niveles de paro como los que sufrimos.

Pese a ello, considero que cualquier ser humano tiene un derecho primordial a trabajar, ganarse la vida y sostener a su familia. Y de sustanciar ese derecho emigrando a otro país si en el suyo no puede satisfacer esas necesidades básicas.

También considero que España, que tanto se beneficia de una inmigración rica y temporal como es el turismo, tiene el deber de acoger a la otra inmigración del tercer mundo que desesperadamente acude a nuestro país. La pobreza extrema de los países de origen que les obliga a emigrar, agravada muchas veces por la corrupción de sus dirigentes, y la existencia de mafias internacionales que se aprovechan de su desesperación, no dejan de ser delitos de “lesa humanidad” inconcebibles en el siglo XXI. Particularmente, no percibo que los gobiernos de occidente hagan mucho para evitarlo, a pesar de que se nos llena la boca hablando de los derechos humanos, incluso que en nombre de su defensa intervengan en guerras, si está en peligro el suministro de petróleo.

En algunos barrios o poblaciones con altos índices de inmigración se están dando últimamente casos de violencia e inseguridad ciudadana, que a su vez generan brotes de xenofobia. Creo que se debe en buena parte a que, con papeles o sin ellos, suelen vivir en barrios marginales, agrupados con los de su nación o su raza, lo cual además de perjudicar su integración, favorece las actividades delictivas.

Por otro lado, existen muchos tópicos sobre algunos supuestos perjuicios que nos provoca la inmigración; así, por ejemplo, está generalizada la percepción de que los inmigrantes colapsan el sistema sanitario. Nada más lejos de la realidad; como demuestra Masabeu en el libro citado, el 11 % de los usuarios de la asistencia primaria básica son inmigrantes, cifra muy similar a su peso demográfico; pero en cambio infrautilizan otros servicios sanitarios, debido a varios factores -algunos de tipo cultural- siendo el principal de ellos la edad joven de la mayoría de ellos que hace que sufran menos enfermedades crónicas. Es un hecho que actualmente los inmigrantes aportan más a la sanidad del país que lo que gastan en ella.

Para mí, el verdadero y más importante problema es el de la integración de esos inmigrantes, cuya solución no es fácil. Requiere bastantes más medios en la enseñanza que los que actualmente se destinan a ello, y una adecuada política de vivienda que respetando su libertad evite la formación de “guetos”.

Desgraciadamente, hay que constatar que los poderes públicos han hecho muy poco al respecto. Y sobre todo hace falta imaginación; quizá lo que más me ha llamado la atención de La República del Raval sean las experiencias que aporta de la Asociación “Braval” sobre integración de inmigrantes a través del deporte. Pero no sólo los poderes públicos o las ONG’s han de preocuparse de este problema, si no que todos los ciudadanos podemos contribuir a esa integración en la medida que la deseemos, evitando cualquier tipo de rechazo, sabiendo ver lo mucho que de positivo aportan a nuestro país y mirando con simpatía a todos los inmigrantes.

7 mar 2010

Inmigración y encaje en la sociedad

Para empezar este blog, copio un artículo que publiqué hace unas semanas:

La inmigración es una realidad poliédrica, con muchas facetas interconexionadas, que constituye, probablemente, el reto más complejo que nuestro país ha de afrontar actualmente.

Es fundamental definir un modelo de encaje en la sociedad que pueda ser entendido y compartido por todos los ciudadanos.

Los inmigrantes deben ser legales y llegar a constituir una clase media normal, desarrollando una vida compatible con la vivencia de las propias creencias. Hay que contar con ellos, siempre y cuando acepten nuestros códigos. Hay que enseñar que quien se ha de adaptar a una determinada cultura es el que llega a la misma. Y no al revés.

Sólo si en la sociedad está garantizado un núcleo duro inicial, un fondo de referencia en el plano antropológico, se pueden amalgamar las comunidades extranjeras, integrarse con los elementos fundacionales y se puede evitar que ‘se vuelva loca’ la convivencia civil. Así se puede ir construyendo un encaje en la sociedad que debe pivotar en la interculturalidad + uniformidad ética en los derechos universales, unos principios que deben ser inalienables y asumidos por todo el mundo, como son: la igualdad, los derechos de la persona, la no discriminación de la mujer, la libertad religiosa, la separación iglesia-estado, la supremacía de la norma ética, etc. La exigencia de estos valores es algo irrenunciable.

Debemos construir un país con estos valores unificados y sin dudas. La puerta de entrada al país se ha de abrir a aquellos que se comprometan de verdad a arraigarse.

El problema estriba en definir esos valores. Para ello, desde el año 2004 se van desarrollando encuentros interdisciplinares en diversas universidades del mundo para intentar llegar a definir unos principios fundamentales, un común denominador de principios, compartidos por todos.

Una gran dificultad se encuentra en la idea que tenemos de esos principios. Cuando en occidente nos referimos a los derechos fundamentales de la persona pensamos automáticamente en los recogidos en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU de 1948. Pero en el mundo musulmán están pensando en la Declaración de El Cairo sobre Derechos Humanos en el Islam del año 1990, firmada por pocos países, en la que se relativizan muchos de esos derechos hasta casi vaciarlos de operatividad, al someterlos a la interpretación de la sharia o ley religiosa islámica. Se usan las mismas palabras, pero se refieren a realidades distintas.

¿Dónde encontrar esos principios fundamentales? Habrá que seguir debatiendo,  estudiando y profundizando en estos tres ámbitos:
- La primacía de la razón frente a la fuerza
- Una apuesta decidida por el diálogo, para tender puentes entre distintos
- La responsabilidad de los representantes religiosos, de los gobernantes y de los intelectuales llamados a liderar este diálogo racional entre culturas y religiones